Command + Shift 4: La guía moderna para resolver todo (mal)
Hoy no importa cuánto sabes, sino si puedes distinguir lo útil de lo falso. Y saber tomar decisiones con esta información antes de que otra IA lo haga por ti.
Por ahí del 2007, cuando daba clases en el Tec de Monterrey (si ya lo sé… estoy viejo), les decía siempre a mis alumnos: “Lo más importante que pueden aprender en el Tec no está en el plan de estudios”. La mitad me veía con cara de… what?, y la otra mitad ni siquiera se enteró; estaban muy ocupados bajando la tarea de marketing de El Rincon del Vago.
18 años después, siento que el tiempo me dio la razón (ojalá me hubiera equivocado). Hoy el conocimiento ya no hace la diferencia, es un commodity. Hoy puedes obtener cualquier dato, teoría, manual o curso con tres clics (o un prompt bien escrito). Pero lo que no puedes googlear tan fácil es qué hacer con eso. Cómo distinguir lo verdadero de lo falso, lo útil de lo irrelevante y lo urgente de lo que parece importante.
Y en ese punto estamos hoy: en una época donde “saber” ya no te garantiza nada. Donde el conocimiento, por sí solo, se ha vuelto obsoleto. Pero al final del día siempre; lo que importa es saber pensar, saber razonar, saber decidir y no solo “saber cosas”. Lo que necesitamos no es más información, es saber qué hacer con ella.
Esto, claro, si no te gana antes ChatGPT. (muajajaja)
Y aunque todo esto suena como una plática de sobremesa mía con amigos de la prepa, en realidad tiene implicaciones muy profundas para quienes diseñan políticas públicas, emprenden, enseñan, hacen investigación, acompañan comunidades o formamos parte de una organización que busca generar algún tipo de cambio.
Porque si el conocimiento está disponible para todos (al menos los que tengan un teléfono con acceso a internet), entonces el valor ya no está en saber, sino en entender cómo aplicar ese conocimiento a realidades complicadas y en contextos propios.
Hoy, las reglas del juego cambiaron.Ya no se trata de tener la mejor metodología, el canvas más completo o el toolkit más descargado. Se trata de saber leer el entorno, de identificar lo que sí aplica y lo que hay que adaptar. De distinguir entre el dato útil y el diagnóstico que suena bonito en un zoom call.
Command + Shift 4 es ese atajo que usamos en las computadoras para tomar una captura de pantalla. Y se ha vuelto también una forma de pensar. Capturamos sin procesar. Guardamos sin cuestionar. Aplicamos sin entender.
Hacemos screenshots del conocimiento y luego lo mandamos por correo como si fuera una solución rápida y práctica, sin reflexionar lo que tenemos enfrente y esto puede ser más peligroso que no saber nada.
Guía para no resolver todo con Command + Shift + 4 (y que no salga mal)
(Tres cosas que podemos hacer antes de mandar otro screenshot como solución)
Ahhh, me encantan las recetas, guías y toolkits…
Pero esta guía no es un manual completo (ya tenemos suficientes). Es más bien una lista corta de recordatorios. Tres formas de pensar y actuar que pueden ayudarnos a dejar de repetir fórmulas, salir del piloto automático de la IA y empezar a vivir de una forma más consciente (al menos en el trabajo).
1. El riesgo de aplicar conocimiento sin contexto
Hay ideas que funcionan perfectamente… en Suiza.
Hay metodologías que son increíblemente buenas… en Stanford.
Y hay diagnósticos que suenan espectaculares… hasta que los aterrizas en Hermosillo o Barranquilla.
Uno de los errores más comunes en nuestro trabajo es aplicar conocimiento como si fuera universal. Como si las condiciones de una ciudad o contexto fueran solo una variable más en Excel, y no un sistema completo de historias, clima, tejido social y aprendizajes acumulados.
La semana pasada en Bogotá platicando con Pere (director de desarrollo de negocios de Bridge 4 Billions) y Camila (head de marketing en Seedstars), en el evento de ecosistema organizado ANDE y Bridge for Billions. Nos moríamos de la risa sobre algo que parece muy trivial… pero no lo es.
LinkedIn se ha llenado de publicaciones que suenan exactamente igual. Hechas con IA. Mismo tono. Misma gramática. Mismos emojis.
Algo así, pues:
🚀 ¡Emocionado de compartir que participé en un evento increíble con líderes transformadores! 🌎💡 Aprendí muchísimo sobre innovación, impacto social y el poder del networking. Gracias a todos los que lo hicieron posible 🙌✨
#Impacto #Networking #GrowthMindset
Y claro, al principio te puede parecer superbonito y hasta útil. Pero después de leer veinte iguales… ya no lees. Ya no importa. Porque todo suena a lo mismo.
Y cuando todo suena igual, la información deja de ser relevante.
Lo mismo pasa cuando aplicas ese conocimiento sin contexto. Cuando hacemos “command + shift 4” de soluciones, lenguajes o estrategias que vienen de otros lugares, sin reflexionar si realmente generan un valor.
Lo decía Pere en esa misma plática: en redes, todo el mundo siente la presión de publicar algo al menos una vez por semana, porque eso es “lo que la norma del algoritmo dicta”. Pero cuando estás en un entorno presencial, si no tienes nada que decir… simplemente te callas. Y eso también está bien.
Tal vez necesitamos más de eso:
Preguntarnos si lo que vamos a compartir, aplicar o replicar realmente aporta algo. Y si no… tener la capacidad de guardar silencio y observar un poco más.
2. Cultivar pensamiento crítico (aunque tengas prisa)
“El pensamiento crítico es el proceso intelectualmente disciplinado de conceptualizar, aplicar, analizar, sintetizar y/o evaluar activamente la información obtenida por la observación, la experiencia, la reflexión, el razonamiento o la comunicación, como guía para la creencia y la acción.” — Foundation for Critical Thinking
En otras palabras, es aprender a hacer una pausa entre el estímulo y la respuesta. Entre “todo el mundo está publicando en LinkedIn” y el “¿tiene sentido para mí o para mi entorno”?
El problema es que el trabajo de hoy y nuestras eternas ocupaciones no dejan mucho margen. Siempre hay correos que contestar, reportes por hacer, mensajes de WhatsApp que mandar y juntas en Zoom que pudieron ser una llamada de 5 minutos. Y así, poco a poco, se nos olvida la pregunta más fundamental:
¿Esto que estoy haciendo… por qué lo estoy haciendo así?
El pensamiento crítico no requiere de posgrados o webinars. Requiere práctica. Rutina. Es un músculo que entrenamos cada vez que decidimos no aceptar o enviar algo sin antes revisarlo o, no copiar un programa o proyecto solo porque “funciono en otro lado”.
Hace poco terminé de leer un libro que Pablo Jiménez (un muy buen amigo de la prepa) me recomendó. En Reconstruyendo el tablero, Giulliano Lopresti dice:
“Vivimos en un mundo polarizado entre blanco y negro, en el que olvidamos que existen muchos tonos de grises. Todos somos chingones y pendejos a la vez, todos los días de nuestra vida. Una sola experiencia no te puede definir, porque somos el cúmulo de todas ellas y de los aprendizajes que adquirimos”.
En el mundo de las IA, el pensamiento crítico se vuelve esencial y te ayuda a reconocer que no todo debe de encajar en una categoría perfecta. Que pensar de forma distinta no es ser un pendejo y que cambiar de opinión también es parte del trabajo. La clave está en cuestionar constantemente tus supuestos y los de tu entorno, mantener la mente abierta a nuevas formas de pensar y basar tus decisiones en evidencia.
Entonces, antes de automatizar tu próxima decisión, pregúntate:
¿Esto que estoy por decidir es una respuesta automática… o una elección consciente?
3. De distribuidores de contenido a curadores de sentido
Durante años, muchas organizaciones del ecosistema (aceleradoras, ONGs, gobiernos, universidades, fondos de inversión) se obsesionaron con “generar conocimiento”.
Crear reportes - Armar cursos - Publicar papers - Subir PDFs a sus sitios. Esto por supuesto, fue valioso….
Pero hoy ya no se trata de producir más contenido. Hoy se trata de ayudar a saber que debemos de hacer con el.
Vivimos en una época donde sobran los datos y faltan los filtros. Donde puedes descargar un toolkit de 80 páginas sobre inversión de impacto, pero nadie te dice cuál página es la que realmente necesitas leer para tomar una decisión mañana.
Ahí es donde las organizaciones tienen un nuevo rol clave: dejar de ser solo distribuidores de recursos, y empezar a ser curadores de sentido.
Personas y equipos capaces de:
Elegir lo que vale la pena compartir.
Explicar por qué ese contenido importa.
Contextualizar para quién, cuándo y cómo tiene sentido usarlo.
Esto aplica igual si eres parte de un fondo, una universidad, una agencia pública o una incubadora. Porque no se trata de educar “desde arriba”, sino de conectar lo que existe con lo que la gente realmente necesita para hacer que las cosas cambien.
Un buen curador no es el que tiene más enlaces, es el que te señala lo importante.
Y si eso suena muy conceptual, pero piensa en tu propio feed de LinkedIn, otra vez:
¿A quién le pones atención? ¿Al que comparte 20 cosas al día, o al que recomienda una lectura al mes y te dice por qué te conviene leerla justo ahora?
En un mundo lleno de ruido, ser curador de sentido puede ser el mayor acto de generosidad profesional.
Y tú, ¿qué haces cuando no sabes qué hacer?
¿Automatizas? ¿Compartes lo que todos comparten? ¿Te callas?
¿O te das permiso de detenerte, pensar y volver a mirar antes de resolver?
No, el conocimiento no ha muerto. Pero sí ha perdido su valor.
Hoy lo que marca la diferencia no es saber mucho, sino saber discernir. Es tener criterio en tiempos de exceso de información, pausa en tiempos de velocidad, y profundidad en un mundo que premia lo superficial. No se trata de tener todas las respuestas, sino de hacer mejores preguntas. De decidir con intención. De hablar solo cuando haya algo que valga la pena decir.
Y eso aplica igual si lideras un fondo de inversión, das clases, trabajas en gobierno, o simplemente estás buscando hacer mejor tu trabajo sin caer en la trampa del “así se hace”.
Tal vez el nuevo poder ya no está en acumular conocimiento, sino en usarlo con conciencia.
A veces cuando ocupo pausas en mi vida. Busco escuchar un disco completo, sin interrupciones. El primero que siempre se me viene a la mente:
“For Emma, Forever Ago” de Bon Iver.
No es nuevo. No es viral. No tiene beats que suben ni coros pegajosos. Es un disco grabado en una cabaña, en el bosque, en pleno invierno. Justin Vernon se encerró ahí solo, después de una ruptura, sin plan ni pretensiones. Solo con una guitarra, una grabadora y mucho silencio.
Y de ese silencio salió algo que no pretendía ser brillante, pero terminó siendo algo increíblemente honesto.
Escucharlo no te dará las respuestas. Pero te recordará que a veces hay que dejar de llenar el tiempo con ruido, dejar de copiar cosas, y simplemente quedarse ahí: procesando.
¿Qué disco te hace sentir lo mismo a ti? nos vemos a la siguiente… PM


